
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» — Efesios 2:10 (RVR1960)
LA ESCENA O SITUACIÓN
Hay días en que la vida parece una rutina que se repite sin sentido. Suena el despertador, sales a trabajar, vuelves cansado, duermes, y al día siguiente todo empieza de nuevo. Entre una cosa y otra, la pregunta aparece sola, bajita, casi con vergüenza: «¿para qué sirve todo esto? ¿De verdad mi vida cuenta para algo?»
Y es que a veces te sientes como una pieza más en una máquina enorme: reemplazable, invisible, sin nombre. Nadie aplaude lo que haces, nadie parece notarlo, y el cansancio te susurra que da lo mismo. Pero quiero que imagines algo distinto: un taller de artesano, donde cada herramienta tiene su lugar y ninguna está de adorno. El artesano no guarda martillos por casualidad: cada uno fue elegido, moldeado y puesto ahí con una tarea en mente. Tú no estás en este mundo por accidente: estás en manos de un Artesano que no improvisa.
LA LUZ DE LA PALABRA
Pablo escribe en Efesios 2:10 que somos «hechura suya». En el griego original, la palabra es poiema: de ahí viene «poema». No eres un producto en serie ni una copia más: eres una obra maestra, un poema escrito por Dios mismo. Y sigue: «creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano».
Lee eso despacio: tu propósito existía antes de que tú nacieras. Dios no te trajo al mundo para después preguntarse qué hacer contigo; Él preparó de antemano las buenas obras y luego te formó para caminar en ellas. Y ojo, esas buenas obras no son solo grandes gestos ni escenarios con luces: el vaso de agua que das, la llamada a tu mamá, el perdón que ofreces, el trabajo honesto que nadie ve. Todo eso cabe en el diseño. El camino ya está trazado por Dios; tu parte es simplemente andarlo con fe.
LA PAUSA PARA EL ALMA
Respira hondo. Un artesano no tira la vasija porque todavía no tomó su forma final: la trabaja, la pule, la vuelve a pasar por sus manos hasta que está lista. Así está Dios contigo hoy. Los días grises no son días perdidos; son parte del proceso en el que Él te está formando. No tienes que entender todo el diseño para confiar en el Diseñador.
No eres un accidente: eres un proyecto del cielo en construcción.
¿Qué obra pequeña y fiel puedes hacer hoy, sabiendo que Dios ya la preparó de antemano para ti?
LA ORACIÓN DEL DÍA
Señor, gracias porque no soy casualidad: soy tu obra maestra, creada con un propósito. Cuando la rutina me haga dudar, recuérdame que Tú preparaste buenas obras para mí. Dame ojos para verlas y un corazón dispuesto para andar en ellas hoy. Amén.

Deja una respuesta