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Familia

No es solo un disfraz: lo que Halloween les enseña a nuestros hijos

Por Matias

LA ESCENA O SITUACIÓN

Tu hijo llega del colegio con el papel en la mano: todos sus compañeros van a disfrazarse de monstruos, de brujas, de muertos. Él te mira y pregunta: «¿yo por qué no?». Y tú sientes ese nudo que conocen todos los padres cristianos: no quieres que tu hijo se sienta el raro del salón, pero tampoco quieres entregarle, así sin más, una noche entera dedicada a celebrar lo oscuro. No es solo un disfraz. Es la primera vez que tu hijo te pregunta, con sus palabras, qué cree de verdad tu familia.

Amanecer sobre el camino

LA LUZ DE LA PALABRA

La Biblia nos da un filtro sencillo para estas decisiones: «Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad» (Filipenses 4:8). Piénsalo con calma: ¿una fiesta de brujas, demonios y muerte pasa ese filtro? El miedo disfrazado de juego no es inocente para un corazón pequeño: hay niños que después no pueden dormir, que sueñan con lo que vieron, que aprenden a reírse de lo que debería darles respeto. Jesús fue todavía más directo con los niños: «Cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino» (Mateo 18:6). Y a los padres nos dejó la tarea más hermosa: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6). Lo que hoy les parece un juego, mañana puede ser la puerta por la que entren la curiosidad por lo oculto y el miedo. En cambio, lo que hoy les enseñas con amor —que la muerte no tiene la última palabra porque Cristo resucitó— les quedará para toda la vida.

LA PAUSA PARA EL ALMA

Respira. No tienes que ganarle una discusión a la cultura ni convencer a todo el barrio. Tu tarea es más pequeña y más santa: que tu hijo crezca sabiendo que en su casa la luz no se negocia. No se trata de prohibir con enojo, sino de ofrecer algo mejor: una noche de luz, un disfraz con propósito, una familia que celebra la vida y no la muerte. El «no» que hoy le duele un poco puede ser, dentro de unos años, el recuerdo que más agradezca: «en mi casa, Cristo era el centro, también el 31 de octubre».

¿Qué quieres que recuerden tus hijos de su infancia: el miedo disfrazado de juego, o la luz de un hogar donde Jesús era lo más importante?

LA ORACIÓN DEL DÍA

Señor, dame ternura para explicar y firmeza para decidir. Cuida el corazón de mis hijos de todo miedo y de toda oscuridad, y ayúdame a mostrarles que seguirte a ti es la fiesta más grande. Que mi casa sea luz para ellos, hoy y siempre. Amén.

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