Nada me faltará: descansa en tu Pastor

Nada me faltará: descansa en tu Pastor

«El Señor es mi pastor, nada me faltará.» — Salmo 23:1 (RVR1960)

Pastor con ovejas junto a aguas tranquilas al amanecer

¿Cuándo fue la última vez que te acostaste sin preocuparte por el mañana? No porque todo estuviera resuelto, sino porque estabas tranquilo: alguien más grande se estaba encargando. Esa es exactamente la sensación que David describe en el Salmo 23. No lo escribió un teólogo en un escritorio: lo escribió un pastor de ovejas que sabía lo que era pasar la noche cuidando un rebaño, y que un día entendió que Dios hacía por él lo mismo que él hacía por sus ovejas.

«El Señor es mi pastor». David no dice que Dios es «un pastor» entre muchos, ni que es «el Pastor de la iglesia». Dice «mi pastor». Personal. Cercano. El que me conoce por nombre.

El Pastor que conoce a sus ovejas

David sabía algo que nosotros solemos olvidar: un buen pastor conoce a cada oveja. Sabe cuál se aleja, cuál se lastimó, cuál necesita más alimento. Y Dios nos conoce así. Conoce tus cuentas, tus miedos de las tres de la mañana, esa necesidad que todavía no te animaste a contarle a nadie.

Por eso la promesa del versículo no es «nada te va a doler» ni «nunca vas a tener problemas». La promesa es mejor: «nada me faltará». Faltará es palabra de necesidad, no de capricho. Dios no promete darte todo lo que se te ocurra; promete que nada de lo que de verdad necesites te va a faltar. Esa es la diferencia entre un Padre que provee y un genio de la lámpara.

Nada me faltará: la provisión llega a tiempo

Fijate en el tiempo del verbo: «nada me faltará». No dice «nada me falta ahora mismo». Es futuro. Es confianza. David lo declara antes de ver la provisión, como quien ya la tiene asegurada.

¿Te acordás de cómo Dios alimentó a Elías junto al arroyo, o de la viuda a la que no se le acabó la harina? Dios llega a tiempo, aunque a nosotros nos parezca tarde. Cuando la preocupación te grite que no vas a llegar a fin de mes, que no vas a poder con eso que se viene, volvé a esta frase y decila en voz alta: «El Señor es mi pastor, nada me faltará». La fe también se ejercita repitiendo la verdad hasta que el corazón la cree.

Los pastos verdes: aprender a descansar

El versículo 2 dice que el Pastor nos hace descansar en «delicados pastos». Las ovejas no descansan si tienen miedo, hambre o están inquietas; solo se echan cuando están seguras. Dios quiere llevarte a ese descanso: no el descanso de quien se rindió, sino el de quien confía.

Quizás hoy estás corriendo de un lado a otro tratando de resolverlo todo solo. El Pastor te está llamando a detenerte, a respirar, a dejar que Él guíe. Escuchar canciones de Alex Campos o poner de fondo un rato de música cristiana puede ser una linda forma de aquietar el corazón mientras recordás quién está a cargo.

Para meditar

¿Qué es eso que hoy te preocupa y te quita el sueño? Llevaselo al Pastor en oración, con nombre y apellido, y declarale: «Señor, vos sos mi pastor; nada me va a faltar». Lectura sugerida: el Salmo 23 completo, despacio, imaginándote como una de esas ovejas cuidadas.

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