EL GANCHO
Se acerca el 31 de octubre y ya lo notas en todos lados: la tienda del barrio llena de calaveras, el colegio pidiendo disfraz para tu hijo y los vecinos colgando fantasmas en la puerta. Y entonces llega la pregunta que ningún padre cristiano quiere esquivar: «¿por qué nosotros no celebramos Halloween?». No es una pregunta pequeña. Lo que tu hijo celebra, lo que ve como juego y lo que decora su cuarto, va formando su corazón sin pedir permiso.

LA VERDAD
El apóstol Pablo escribió a los cristianos de Éfeso, una ciudad famosa por su magia y sus prácticas ocultas, unas palabras que hoy suenan como escritas para esta semana: «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz» (Efesios 5:8). Y enseguida añade la orden directa: «Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas» (Efesios 5:11).
¿Por qué es tan serio? Porque Halloween no es solo un disfraz. Sus símbolos son justo lo que Dios le prohibió a su pueblo: la adivinación, la hechicería y la consulta a los muertos (Deuteronomio 18:10-12). Brujas, fantasmas, demonios y muerte se presentan como diversión, y un niño aprende sin darse cuenta que lo oscuro es inofensivo y que el mal da risa. La Biblia nos llama a otra cosa: «Absteneos de toda especie de mal» (1 Tesalonicenses 5:22).
Y esto afecta sobre todo a los niños. Un niño no distingue tan fácil entre «es de mentira» y «es de verdad» cuando se disfraza de demonio o juega a invocar espíritus: lo que entra por los ojos y por el juego se queda en el corazón. Por eso hay niños que después no pueden dormir, que sienten miedo en su propio cuarto o que empiezan a sentir curiosidad por la ouija, las cartas y lo oculto. Lo que para un adulto es «solo una fiesta», para un niño puede ser la primera puerta. Decir que no a Halloween no es ser aburrido ni anticuado: es vivir de acuerdo con la identidad que Dios ya te dio. Tú no eres tinieblas. Eres luz.
LA REFLEXIÓN
¿Qué están aprendiendo tus hijos de lo que se celebra en tu casa: que la oscuridad es un juego, o que la luz se defiende con alegría?
Si Jesús entrara a tu casa este 31 de octubre, ¿qué encontraría en la puerta: una calavera, o una luz encendida para Él?
EL RETO DEL DÍA
Hoy, en menos de 5 minutos, siéntate con tus hijos, lee con ellos Efesios 5:8-11 y pregúntales: «¿qué luz queremos encender nosotros este 31?». Puede ser una noche de luz en familia, disfraces de personajes de la Biblia o una linterna en la ventana. Que la respuesta salga de ellos: así el «no» a Halloween se convierte en un «sí» a algo mejor.
ALABANZA PARA HOY
Escucha hoy «Enciende una luz» de Marcos Witt y deja que esa canción ponga el ambiente de tu casa: donde hay luz, la oscuridad no tiene nada que celebrar.
ORACIÓN
Señor Jesús, tú eres mi luz y la luz de mi casa. Dame valor para no seguir la corriente y sabiduría para enseñarles a mis hijos a amar lo bueno. Que este 31 de octubre mi hogar brille para ti. Amén.

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